Mi cockring no me deja pensar

17/05/2013

Maricas

En 1941, los nazis iniciaron la persecución de los judíos marcando sus casas y ropas con la estrella de David. En los campos de exterminio, los prisioneros homosexuales eran obligados a llevar un triángulo rosa invertido para señalar la razón de su encierro. Salvando las obvias distancias que nos separan de uno de los periodos de la Historia que más deben avergonzar al ser humano, la imagen muestra que cuando se trata de atacar a alguien por razón de su condición, los métodos parecen no haber cambiado mucho.

Esa que veis es la puerta de 2 amigos que han cometido el delito evidenciar ante sus vecinos que son homosexuales. Las asociaciones por la lucha de nuestros derechos llevan años denunciando casos como este. No es un caso aislado, solo otro más. La pintada se la hicieron hace unos días, en Madrid, la que será en 2017 capital mundial del Orgullo LGBT. Sirva esta foto para denunciar en el día Internacional contra la Homofobia que aún queda mucho camino por recorrer para normalizar nuestra vida en esta sociedad. El mismo día en que el Partido Popular termina oficialmente con la primera asignatura que ha intentado luchar en las escuelas contra el odio hacia los homosexuales, la Educación para la Ciudadanía. Esa puerta marcada es la prueba de lo necesario que es educar en favor del respeto y la tolerancia a las minorías. Esta foto debería llegar hoy al ministro Wert para avergonzarle.

No sabemos qué vecino ha sido el cobarde que ha marcado la puerta de mis amigos, pero yo tengo muy claro a quiénes podemos exigir responsabilidad por actos como este: Al Partido Popular y a la Iglesia, responsables de alentar -o no poner todos los medios posibles para evitar- la homofobia que aún existe en nuestra sociedad. Políticos del PP y jerarcas de la Iglesia, vosotros sois corresponsables de los actos de discriminación, de los insultos, de las agresiones; porque en vuestra mano está pararlos.

Mis amigos han decidido no borrar la pintada. Al menos no por el momento. No se avergüenzan, no quieren esconderse. Ojalá otros vecinos la borraran por ellos. Ojalá llamasen a su puerta y les dijeran que a ellos lo que les avergüenza es haber descubierto que en el vecindario hay un vecino homófobo. Ojalá consigamos entre todos que no sean más necesarios días como el de hoy, en el que la FELGTB ha hecho público un informe que denuncia que el 45% de los homosexuales en España tiene miedo a darse la mano en público. El 91% de los españoles ha sufrido o sido testigo de acoso homófobo en la escuela y hasta un 43% de los adolescentes ha pensado alguna vez en quitarse la vida por el acoso debido a su condición sexual.

27/04/2013

Penes, vaginas y viceversa

Filed under: Femenino plural,LGBT — J-osete @ 4:10 PM
Tags: , , ,

Hay mucha gente que se pregunta a menudo si hay algo más tonto que un gay de derechas –al menos en este país donde la derecha, al contrario de lo que sucede con determinados partidos conservadores del norte de Europa, no tiene ningún complejo en legislar contra los derechos civiles de gays, lesbianas y trans a golpe de hostia consagrada-. Y así a bote pronto se me ocurre que sí, que bastante más imbécil que traicionarnos a nosotros mismos dando nuestro voto a un partido homófobo es hacerlo convirtiendo a los demás en víctimas de lo que sufrimos: la intolerancia. Nunca he entendido el machismo en los gays, ni la misandria en las lesbianas, como nunca he entendido a los negros o gitanos, homófobos o machistas. En definitiva, soy incapaz de entender que el que haya sido víctima de algún tipo de discriminación pueda responder con odio o desprecio a cualquier otra condición humana. Si algo bueno puedo sacar de la infancia y la adolescencia que me tocó vivir por ser el ‘marica del barrio’, es que aprendí el valor del respeto y la tolerancia. Únicamente se me ocurre un tipo de personas con las que hay que tener tolerancia cero: los intolerantes.

Al hilo de esta reflexión habría, desgraciadamente, tantos palos que tocar que podría escribir un libro. Hoy me gustaría tratar uno de ellos: En nuestro país ya no se pregunta a una pareja homo quién hace de hombre y quién de mujer en la relación (aunque a mí nadie me ha aclarado todavía si en una pareja hetero es la mujer la que se viste de hombre para follar o el hombre el que se viste de mujer para hacer ‘la tijera’); pero se resisten a desaparecer los prejuicios asociados los supuestos límites que han de separar lo masculino y lo femenino; censurándose la sensibilidad, el amaneramiento, el travestismo o el transexualismo como si hubiera algo intrínsecamente malo en el deseo de los demás de vivir con libertad su propia identidad cuando esta rompe dichos límites -que no olvidemos que es la misma libertad que reclamamos para nosotros en otros muchos ámbitos de nuestra vida-. Pero lo inmoral no es contravenir unas supuestas buenas maneras en el ser y el estar, sino pretender lapidar con un sentimiento de vergüenza que cada uno de nosotros expresemos lo que somos y sentimos cuando nos salimos de los renglones marcados por la mayoría ‘biempensante’.

La vergüenza es un concepto inventado por gente gris y llena de complejos. Gente que sufre la triste envidia de ver cómo otros disfrutan de su vida con una libertad que ellos no tienen. Es entonces cuando surge ese sentimiento mezquino del ser humano que nos dice que debemos avergonzarnos de vestir cierta ropa, de llevar este pelo o aquel maquillaje, de amar a otro hombre siendo hombres o a otra mujer cuando se es una de ellas, de sentirnos mujeres si nacimos con pene u hombres si lo hicimos con vagina. No somos nosotros quienes debemos avergonzarnos de vivir nuestra vida con libertad, son ellos los que tienen que sentir vergüenza por pretender cambiar a los demás cuando lo que les falta es el valor necesario para cambiarse a sí mismos.

Entendería que la Iglesia se mostrase beligerante con p.e. el transexualismo si cada vez que alguien se hiciera una vaginoplastia, su dios fulminase con un rayo cósmico a un cura. Pero lo cierto es que cuando una mujer que siente que ha nacido en el cuerpo equivocado pasa por una operación de reasignación de sexo, la única consecuencia objetiva de esto es que hay una persona feliz más en el mundo.

Tengo una amiga que lleva toda la vida luchando por conseguir eso. Tuvo que dejar su país en busca de un lugar donde vivir con la libertad que su entorno le negaba. Un sitio donde ser algo tan simple como ella misma. Un sitio donde encontrar algo tan complejo como la felicidad que todos merecemos. Hermosa, sensible, frágil y llena de amor, pelea a diario contra los prejuicios de las neuronas rapadas que no entienden el anhelo de buscar la felicidad más allá de esos límites que pretende marcarnos las sociedades intolerantes. Sus amigos, los que son ahora su familia por quererla como solo una verdadera familia sabe hacerlo, han iniciado una campaña con objeto de conseguir el dinero necesario para que el resto del mundo la vea como ella se ve desde que tiene uso de razón. Yo quiero con este artículo aportar mi granito de arena para ayudarla. Si queréis y podéis colaborar, en el siguiente número de cuenta podéis aportar los vuestros:

Titular: C. Berdejo da Costa

Código IBAN: GB66 LOYD 7791 3822 9222 68

Sois más 1600 amigos en Facebook y a euro por cabeza podemos no cambiar el mundo, pero sí cambiar el suyo.

31/05/2012

Sin vergüenza

¿Eres de los que opina que la pluma histriónica de Boris Izaguirre en Crónicas Marcianas afectaba negativamente al colectivo gay? ¿o que el personaje Fidel en Aída perjudica la lucha por nuestros derechos?

¿Eres de esos que piensa que las musculocas de tanga alto, las piernas velludas sobre tacones o el gloss bajo un bigote menoscaban la legitimidad de nuestras reivindicaciones el día del Orgullo?

¿Crees que merece más respeto un gay sin pluma que uno que se vista con bata de cola y al que se le encienda la vida imitando a La Jurado (diosa la tenga entre sus senos)?

Algunos creen que la lucha por normalizar nuestras vidas en la sociedad significa encajar en los moldes de comportamiento que ciertas mentes biempensantes consideran apropiados. Otros creemos que la normalización supone terminar con los prejuicios asociados a los roles que se supone que debemos asumir en tanto que hombres y mujeres, para abrir un nuevo periodo de convivencia en el que se respete la libertad de cada individuo para expresar su personalidad al margen de los convencionalismos sociales.

El desfile del día del Orgullo LGBT se abre en Madrid con miembros de ONGs, partidos políticos y sindicatos con todo tipo de eslóganes reivindicativos. Suelen vestir como cualquier otro día y rara vez protagonizan las fotos de los medios reaccionarios que cubren el evento. La manifestación continúa con carrozas que presentan diferentes microcosmos de la realidad que conforma el arcoíris LGBT: Transexuales, lesbianas, musculosos, travestís, fetichistas de los uniformes y de todo tipo de materiales (cuero, látex, guatiné…), drag-queens, orondos osos, peludos lobos, saltarinas gacelas Thomson… Este suele ser el objetivo de las cámaras de La Razón, ABC o Intereconomía. El patrón es siempre el mismo: Escogen a los manifestantes que ofrezcan una imagen que escandalice a sus lectores por cuestionar lo que ellos consideran “decente”, para prestarse a continuación a un repetitivo discurso homófobo que suele terminar con algo parecido a “¿de verdad cree usted que Dios aprobaría que esos 2 hombres pintados como puertas y vestidos de mujer adoptasen un niño?”.

Según el diccionario de la RAE, la decencia define por igual recato y honestidad, y quizás de ahí venga un juicio que mezcla maliciosamente al monje con su hábito, olvidando lo sabio que es nuestro refranero al respecto. Igual ha llegado el momento de redefinir el concepto de decencia dado que hay muchas putas muy honradas aunque poco recatadas y mucho sinvergüenza con la camisa del traje perfectamente abotonada hasta el cuello.
Hace tiempo tuve ocasión de ver salir de uno de los edificios de la City londinense a un ejecutivo con un elegante traje chaqueta y… tacones. Lo más sorprendente de la escena para mí, como español, es que nadie parecía sorprendido a nuestro alrededor. En España dudo mucho que ningún banco contratase a un hombre -por bueno que fuera su CV- si, por la razón que fuese, quisiera llevar tacones; aunque mejor nos hubiera ido si en vez de gestores corruptos con blancos calzoncillos, nuestras cajas hubiesen sido dirigidas por honrados gestores con bragas de encaje.

Por otro lado, conozco no pocos gays que critican el “carnaval” en el que dicen que se ha convertido el Orgullo. Se avergüenzan de todo lo que condenan los prejuicios de esas personas que, si pudiesen, nos volverían a encerrar en los armarios de las peores dictaduras, fascistas, comunistas o religiosas –que poco importa la diferencia cuando se trata de lesbianas, gays y transexuales-. Tolerar a los que “no se les nota” siempre que “lo lleven con discreción” forma parte de ese hipócrita “don’t ask, don’t tell” que, con la excusa de que la orientación sexual es un asunto privado, intenta robarnos la libertad de vivir públicamente nuestra orientación afectiva, tan pública como la de cualquier pareja hetero que pasee de la mano mostrando su amor por cualquier calle de cualquier pueblo de España.

El sentimiento de orgullo que visibilizamos cada 28 de junio defiende la diversidad y la libertad. Los que abren la manifestación llevan años –cuando no toda la vida- luchando para los que la cierran puedan bailar sobre tacones soltando toda la pluma que les salga del coño, tengan pene o vagina. Si no compartes este sentimiento, mejor quédate en casa. Si crees que nuestra sociedad será mejor en la medida en la que respete y proteja a las personas que la conforman para que puedan expresar con libertad su propia identidad entonces no importa si eres lesbiana, gay, trans, bi o heterosexual, con pluma o sin ella, con la raya a un lado o rubias coletas, con cristiano calzoncillo o tanga de lentejuelas, sé bienvenid@ porque compartimos una misma causa.

23/01/2012

Heterapias

¿Veríamos normal que hubiera gente que declarase que los negros son inferiores a los blancos y les ofreciera un tratamiento para aclarar el color de su piel? Porque el pensamiento es libre y hay gente que cree realmente que existe una supremacía de la raza aria bendecida por su Dios; incluso quien afirma que dicha supremacía viene dada por un supuesto dios –la excusa perfecta para intentar imponer a los demás toda suerte de fobias y fascismos obviando cualquier debate fundamentado en la ciencia-. ¿Aceptaríamos que se publicasen libros al respecto? ¿Y si empezasen a surgir negros conversos diciendo que son mucho más felices desde que aclararon su piel y defendiendo el derecho de otros negros a hacer lo mismo? ¿Les asiste el derecho a la libertad de expresión? Después de todo, ¿quiénes somos nosotros para impedir a otros negros que disfruten de la “felicidad aria”?

A raíz de la polémica suscitada por el boicot a un libro publicado en España para “sanar” la homosexualidad he visto todo tipo de reacciones. Muchas de ellas preocupantes porque en boca de gays y lesbianas se quita importancia al asunto: “Que digan lo que quieran, no hay nada que curar”. Y otras porque en bocas “progresistas” se defiende a ultranza el supuesto derecho a la libertad de expresión que asiste al autor.

Sí, el pensamiento es libre. Así que la gente es libre de creer que los gays somos enfermos, que los negros son inferiores a los blancos y las mujeres a los hombres. Si unos son libres de creer en vírgenes preñadas por palomas y otros en que 50 vírgenes les harán la ola tras morir matando a quien profese otra fe, ¿por qué no lo van a ser para creer cualquier otra cosa? Pero la libertad de expresión tiene límites y en los países mínimamente civilizados esos límites intentan que los pensamientos homófobos, racistas y/o machistas no crucen el camino que separa las mentes de sus bocas. Creo además que elevar el nivel de civilización de dichas sociedades pasa por que sus gobiernos hagan lo posible por evitar que padres y madres homófobos, racistas y/o machistas eduquen a sus hijos según les dicta su “conciencia”. Existe un derecho a la libertad de pensamiento, conciencia y religión recogido en nuestra Constitución; y cualquier manifestación de dicho derecho debería, en mi opinión, estar limitada por los derechos y libertades fundamentales de los demás. En otras palabras: Tu libertad termina donde empieza la mía, y tu moral la encierras bajo 7 llaves en tu cinturón de castidad, que yo de mi polla haré un sayo si me sale del coño.

Dicho lo anterior, si compartimos la idea de que es la ciencia y no la Biblia la que tiene derecho a determinar si existe algún tipo de patología asociada a la homosexualidad que deba curarse porque daña a la persona de alguna forma, y aceptamos que la OMS la eliminase en 1973 de su lista de enfermedades, la respuesta es: No, no eres libre de llamarme a mí enfermo, como no eres libre de llamar inferior a un negro. Ni libre de publicar un libro que pretenda curarme a mí o ayudar a un negro a blanquear su piel para que suba al supuesto privilegiado escalón de la supremacía blanca. ¿Que tú eres libre de pensar que tengo una tara? Claro, coño. Tanto como yo de opinar que el tarado eres tú. Pero en una sociedad que regula la convivencia entre los individuos que la conforman sobre la premisa del respeto y la tolerancia con independencia de raza, sexo, credo, etc. nos callamos la boca.

En cuanto a la supuesta transformación del “ex-gay” autor del libro, permitidme unas reflexiones sobre el mismo a la luz de una entrevista concedida a El País. Según ha declarado, fue violado por un tío suyo “hetero” cuando era un niño y, según afirma, ésta es una de las 10 razones que explican la homosexualidad. Resulta cuanto menos sorprendente que afirme que el tío que le violó era “hetero”, y no me queda más remedio que pensar que es solo parte de la empanada mental que tiene. Claro que más grave es creer que el origen de su homosexualidad está en la violación. Si eso fuera cierto, las violaciones sistemáticas de lesbianas en África habrían tenido el resultado que sus verdugos buscan. Normal que su libro lo hayan usado en Uganda como arma para apoyar una ley (“Kill the Gays bill”) que prevé cadena perpetua y pena de muerte para los homosexuales de ese país. Él llama a su problema “herida” que tiene que “sanar”; pero una cosa es que pidas ayuda psicológica para superar el daño ocasionado por las violaciones sufridas, y otra muy distinta intentar forzar un cambio en tu naturaleza con motivo de dicho abuso. Que lo segundo fuera necesario en su caso para alcanzar una estabilidad mental y/o emocional solo lo podrá juzgar un psicólogo. Pero no creo que eso le dé derecho a vender a otros homosexuales la idea de que dicho cambio no solo es posible, sino hasta bueno.

Sobre el libro, un breve apunte. Se anuncia con algo que siempre me ha resultado especialmente ofensivo: “La homosexualidad tiene hoy una presencia notoria en nuestra sociedad. Parece que está de moda salir del armario”, por la malintencionada frivolidad que encierra, al insinuar que la gente se “amaricona” o “embolla” por gusto. Ser gay está “de moda” si te llamas Jean Paul y te apellidas Gaultier; si no ser gay, lesbiana o trans puede ser tan “cool” como follar en medio de un campo de minas. Y para muestra un botón:

Vivimos en un mundo en el que hombres y mujeres cambian de sexo porque afirman no encontrarse a gusto con su cuerpo se sienten atrapados en un cuerpo equivocado. El mismo mundo que ve como negros aclaran su piel y asiáticos occidentalizan sus rasgos. En un mundo así mucha gente se pregunta por qué los lobbies gays luchan contra las llamadas terapias “reparativas” y por qué pretenden limitar la libertad de otros gays de cambiar de orientación afectiva y sexual. Por supuesto que cualquier persona ha de ser libre para hacer con su vida y con su cuerpo lo que le haga más feliz. Pero al margen de todas las dudas que plantea la American Psychological Association sobre este tipo de terapias, a mí me surge otra: ¿Hasta qué punto es libre un gay en un mundo homófobo en el que su naturaleza intenta ser reprimida por la religiones mayoritarias y asfixiada por la sociedad? Eso cuando no sufre insultos, acoso o agresiones. Ni menciono los países en los que se enfrentan a carcel o la horca. ¿Deben politicos como Durán y Lleida apoyar a los médicos que dicen poder tornar homos en heteros? Nunca antes de garantizar que esos homos viven en una sociedad libre en la que no importe el sexo de la persona de la que se enamoren. La diferencia entre un transexual y Michael Jackson es que el primero vive en una sociedad transfóbica y el segundo vivía en una sociedad racista.

Artículo publicado en el nº75 de la revista Gehitu

10/10/2011

Gehitu nº 71

Publicado originalmente en flickr, ha sido incluído este mes en el nº 71 de la revista Gehitu.

08/09/2011

Gehitu nº 70

“Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta”. Ana Botella, hortopolítica, en una entrevista con la Agencia EFE, sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo. (11/10/2004).

Publicado originalmente en 2006 en flickr, ha sido incluído este mes en el nº 70 de la revista Gehitu.

21/07/2011

Sesenta y siete, por el culo… te la hinco.

15/06/2011

“Orgullo Hetero”

Publican en la revista de Gehitu mi artículo sobre el “Orgullo Hetero”: doc.gehitu.org/magazine/Gehitu%20Magazine%2068.pdf

27/05/2011

La Sección Femenina del PP

La Rede Feminista Galega denuncia que la nueva Ley de Familia en Galicia vulnera derechos y libertades de las mujeres: http://www.diagonalperiodico.net/La-nueva-Ley-de-Familia-en-Galicia.html

04/02/2011

You play

Gracias a Pedro J. Macho por la 2ª parte del claim, y a todos los que habéis aportado vuestro inspirador granito de arena a este trabajo.

Página siguiente »

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.