Mi cockring no me deja pensar

06/02/2014

Súper héroes

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¿Recordáis el sketch de Little Britain del “only gay in the village”? Pues en la década de los 70, en un barrio obrero de Cáceres, años antes de que se inventase Internet, durante mucho tiempo me sentí realmente el único marica del pueblo.

Buscaba en la mirada de los demás intentando encontrar a alguien que fuera como yo. Sin éxito. Esa soledad, hostiada por los hijos de puta del barrio que me acosaban e insultaban y me hacían la vida imposible por ser “diferente”, hicieron que me evadiera de la realidad a través de los cómics. La Patrulla X era mi favorita. Era fácil empatizar con ellos: despreciados por la sociedad por ser diferentes, tenían que vivir ocultando lo que realmente eran. Como hacía yo.

Siendo un crío llegué a pensar que igual mi “problema” venía de que yo, en realidad, era un mutante. Aparte de marica, claro. Solo me faltaba descubrir mi súper poder, y cada vez que pasaba frente a los cabrones que me acosaban, me imaginaba soltando un rayo por los ojos y reduciéndolos a cenizas, o convirtiéndome en un hombre de acero o roca que los fulminaba a todos con una súper hostia. Llegaba hasta a concentrarme. Cerraba los ojos y pensaba: “¡Rayos fuera!”, “¡Súper Fuego!”, “¡Megaplasma interestelar, termina con ellos!”. Entonces abría los ojos y… ahí seguían; con sus risotadas y sus insultos de encefalograma plano. No había nada más frustrante que sentirse un mutante y no tener poderes.

La Patrulla X me acompañó hasta la adolescencia. Nunca perdí la esperanza de descubrir un poder mutante dentro de mí que justificara que todo el mundo en el barrio me tratase como si yo realmente hubiera acabado allí viajando en una nave-meteorito lanzada desde el agónico planeta Kripton; en vez salir del vientre de mi madre, que me parió a mí homosexual con la misma naturalidad con la que parió heteros a mis 3 hermanos. ¿Le picaría a ella una araña mutante en un laboratorio estando embarazada de mí? Pues fue que no. Yo era maricón y punto.

Treinta y tantos años más tarde mi mejor amigo moría entre mis brazos, y de la manera más tonta, el niño que soñaba con tener súper poderes volvió a mi cabeza. Mientras el SAMUR intentaba que le volviera a latir el corazón a mi amigo, ese niño le gritaba a mi mente que me acercase, que no podía perder así a una de las personas que más quería; que ese poder debía estar en mí en algún lado y debía servir para devolverle la vida. Cuando certificaron su muerte y empezaron la cerrar la cremallera de la cubierta donde se llevaban su cuerpo, el niño que soñaba con tener poderes tiraba de mi mano gritándome que me acercara al cuerpo de mi amigo, que mi amor le devolvería la vida. Mi yo adulto no pudo moverse. Ni dejar de llorar desconsoladamente. Ese día, aquel niño desapareció y con él mi sueño de que existiera gente con súper poderes.

Pero equivoqué. Hace tiempo que estoy descubriendo que existen los súper héroes y las súper heroínas. Gays, lesbianas, trans y heteros con súper poderes que no tienen nada que ver con lanzar rayos, tener una súper fuerza o volar…

Roger Mbédé es un camerunés que ha sido asesinado tras enviar un mensaje a otro hombre diciéndole “Estoy muy enamorado de ti”. Roger fue sentenciado a 3 años de prisión por enviar este SMS en un país donde la homosexualidad es delito. Durante su estancia en la cárcel sufrió agresiones físicas. Fuera de la cárcel fue perseguido, atacado y rechazado a la hora de buscar trabajo, alojamiento, acceso a la educación e incluso asistencia medica crítica. A pesar de los ataques y de su sufrimiento, Roger se manifestó públicamente en contra de la legislación anti-gay. El dijo que lo hacía para que otras personas gays, lesbianas, bisexuales y trans de Camerún no tuvieran que pasar por lo que él pasó. ¿No estáis de acuerdo en que solo un súper héroe sería capaz de hacer algo así?

Nils Pickert es el padre de un niño de cinco años al que le gusta usar vestidos de chica, pintarse las uñas y maquillarse. Él ha empezado a vestirse de mujer para apoyar a su hijo pequeño. En una sociedad que censura de forma violenta cualquier comportamiento que rompa con los prejuicios asociados a los roles masculino y femenino, para mí tanto el padre como el hijo son súper héroes.

Tengo varias amigas que nacieron en un cuerpo equivocado, y que tienen el súper poder de haberse transformado en mujeres con el objetivo de ser felices. Ellas luchan a diario contra una sociedad plagada de prejuicios que pretende imponer su moral a los derechos fundamentales de cualquier ser humano.

Después de haber compartido piso con una amiga lesbiana puedo asegurar que si la creación del mundo corresponde a algún tipo de ser divino, sin duda es una Diosa, mujer y bollera. Chicos, no nos engañemos, los 7 famosos polvos del guardia civil que paseó su hazaña por los platós son una excepción, si no una mentira, que le permitió pasar por caja en los programas del corazón. Nosotros no aguantamos más de 1, ¿2? ¿quizás hasta 3 asaltos en una misma noche? A las chicas, Diosa les dio el súper poder del orgasmo continuo. Y éste es un súper poder que solo pueden compartir con otras chicas porque a los hombres únicamente nos concedió el “don” de quedarnos plácidamente dormidos tras echar un polvo. Amigas heteros, a pesar de que se cumpla la predicción de tanto cura homófobo de que la homosexualidad terminará con la humanidad, no dejéis de probar vuestro súper poder con otra chica. Sí, un mundo en el que todas las mujeres fueran lesbianas terminaría con la estúpida raza humana; pero no se me ocurre mejor forma de contribuir al apocalipsis que ¡con un orgasmo sin fin!

Artículo publicado en el número especial 87-88 de la revista Gehitu.

03/09/2013

Un chico cualquiera. Tú mismo.

Me gustaría comenzar el artículo proponiéndote un ejercicio. Imagina que eres un adolescente homosexual que vive en una ciudad pequeña. Intenta meterte en su piel:

No conoces otros chicos gays, y a veces te preguntas si algún compañero del instituto podría serlo. Pero la visibilidad de tus sentimientos no es una opción en un sitio en el que sabes que sentirse atraído por las personas del mismo sexo está mal visto. En ocasiones observas con envidia a tus amigos heteros y piensas en lo fácil que sería todo si te gustaran las chicas, pero sientes que no puedes cambiar algo que forma parte de ti desde que naciste. Sueñas a diario con encontrar a alguien como tú, alguien con quien compartir tus sentimientos, tus preocupaciones, tus miedos, tus ilusiones, tu vida. Alguien que mirándote a los ojos, te diga que te quiere. Alguien que te abrace muy fuerte cuando sientas frío en el armario del que tienes miedo a salir, para no sufrir la incomprensión con la que crees que recibiría tu entorno la noticia de que eres homosexual. Estás deseando vivir todo lo que sientes cuando tus amigos te cuentan los encuentros furtivos con sus novias. Y por experimentar todo lo que te hacen vivir tus amigas cuando te cuentan lo enamoradas que están de sus novios. Tienes 19 años y aún no has besado a nadie. Rezas por que ese beso llegue pronto a tus labios y te haga sentir que no vas a estar solo nunca más.

Un día te haces fuerte y decides crear un perfil en una red social. Lo haces con una identidad falsa para preservar tu anonimato. Te aterra que te descubran, pero tú deseo de ser feliz sin dejar de ser quien eres, es más fuerte. Tras varios intentos fallidos, un día aparece al otro lado del chat un chico que parece sentir lo mismo que sientes tú. Cada una de sus palabras responden a cada una de tus dudas. Poco a poco vas superando tus miedos y un día sientes que puedes confiar en él. Esa confianza se transforma en esperanza. Por fin, un confidente, un amigo, un amante… quizás un novio. Sabes que es muy poco maduro pensar en el amor sin ni siquiera conocerle en persona; pero no puedes evitarlo tras ver todo lo que compartís. Te hace sentir muy feliz pensar que él pueda estar sintiendo lo mismo por ti.

Te envía su primera foto. No le conoces, pero crees que es el chico más guapo del mundo. Le envías tu foto y te dice que le pareces el chico más guapo del mundo. Tu corazón bombea la sangre a tu cuerpo a mil pulsaciones por segundo. Nunca antes habías sentido una sensación así.

Es el día de vuestra primera cita. Anoche casi no pudiste dormir y el rato que lo hiciste soñaste que podías volar, que ambos lo hacíais agarrados de la mano por encima de la ciudad en la que vivís, desafiando la incomprensión de la gente.

Habéis quedado en un sitio discreto de la ciudad. Estás temblando de la emoción. Alguien pronuncia tu nombre a tu espalda. Te vuelves con una sonrisa.

Te gritan maricón. Ves a un grupo de tíos con la cabeza rapada y ropas de estética neonazi. Uno de ellos graba la escena con el móvil. Tu corazón bombea la sangre a tu cuerpo a mil pulsaciones por segundo. Nunca antes habías sentido una sensación así. Corres. Te alcanzan. Te tiran al suelo. Te insultan. Te patean. Te cogen entre varios y te meten en un coche. Recibes más golpes. Maricón. Hay gente que ha visto la escena, pero que ha mirado para otro lado. Rezas por que todo acabe lo antes posible. Solo sientes dolor. Recibes más golpes. Maricón. Maricón. Maricón.

Te llevan a una casa en la que te torturan y humillan durante horas. Lloras. Les suplicas que paren, que te dejen marchar. Te responden con patadas. Te obligan a decir delante de la cámara que eres maricón. Lloras. Te obligan a hacer el saludo nazi sosteniendo un dildo con la otra mano. Te desnudan y te meten la cabeza en una taza del water. Te obligan a beber. Te pintan el cuerpo con pintura, te rocían con orina. Maricón. Rezas por que todo acabe lo antes posible. Solo sientes dolor. Maricón. Maricón. Maricón. Maricón. Maricón.

Por fin termina tu suplicio. Te dejan tirado inconsciente a las afueras de la ciudad.

Al día siguiente el vídeo está circulando por Internet. Lo ve toda la ciudad. Nadie actúa contra los agresores, pero tú comienzas a ser objeto de todo tipo de insultos y burlas.

No puedes soportarlo y decides terminar con tu vida.

Esto sucedió hace unas semanas en Rusia. No conocemos su nombre, pero su sufrimiento aún circula por Internet y ha despertado la conciencia del mundo civilizado. Es solo la primera víctima. Grupos de activismo LGTB rusos denuncian al menos dos más: Un adulto ha muerto por los golpes recibidos en un ataque similar. Sus asesinos quemaron su cuerpo. Y un joven que desafió el toque de queda impuesto por el gobierno ruso a la visibilidad LGTB mostrándose ante los medios de comunicación con una bandera del arcoíris, fue asesinado por un grupo paramilitar en San Petersburgo.

Desde que el gobierno de Putin aprobó la mal llamada ley de la “propaganda homosexual”, grupos de extrema derecha han multiplicado el acoso al colectivo LGTB en distintas partes de Rusia. Con total impunidad. Se graban insultando, humillando, golpeando y torturando, y lo publican en Internet sin que la policía actúe. La homofobia es una es una enfermedad contagiosa que se está extendiendo de Rusia a Moldavia, Lituania, Armenia y Ucrania, países en los que sus gobiernos han anunciado la intención de aprobar leyes contra la libertad de los homosexuales.

En la redes sociales se han iniciado múltiples campañas que llaman al boicot de los productos de Rusia y de los JJOO que tendrán lugar en la ciudad de Sochi. Su objetivo es neutralizar la escalada de violencia contra los homosexuales rusos.

Los gobiernos occidentales callan. Rajoy, tú eres cómplice de lo que está sucediendo porque en tu mano está ayudar a pararlo. Las marcas patrocinadoras de los JJOO callan. Sony, McDonald’s, Coca Cola, Visa sois culpables de lo que está sucediendo porque en vuestra mano está ayudar a pararlo. ¿Y los miembros del COI? Cualquier puta se vende con más dignidad que ellos. En relación con los JJOO de Sochi, han afirmado que castigarán cualquier acción de los deportistas en favor del colectivo LGTB ruso, declarando que no se debe mezclar deporte y política. Alguien les debería recordar el espíritu con el que Coubertin creó las olimpiadas; y que la defensa de los derechos humanos, la libertad y la vida no dependen de colores políticos. Pero parece que sus conciencias hacen caja con el negocio en que se han convertido los juegos olímpicos.

Hace unas semanas tuve ocasión de asistir a una reunión en la embajada rusa de Madrid en la que representantes del gobierno de Putin nos dijeron que su ley trata de “proteger” a los niños y niñas rusos de la homosexualidad, para evitar que “elijan” ser gays o lesbianas. La pregunta que le hice a los funcionarios con los que hablamos, es la misma que os hago a los que aún pensáis que ser homosexual es una opción: ¿En qué momento decidisteis vosotros ser heterosexuales?

Articulo para la revista Gehitu.

17/05/2013

Maricas

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En 1941, los nazis iniciaron la persecución de los judíos marcando sus casas y ropas con la estrella de David. En los campos de exterminio, los prisioneros homosexuales eran obligados a llevar un triángulo rosa invertido para señalar la razón de su encierro. Salvando las obvias distancias que nos separan de uno de los periodos de la Historia que más deben avergonzar al ser humano, la imagen muestra que cuando se trata de atacar a alguien por razón de su condición, los métodos parecen no haber cambiado mucho.

Esa que veis es la puerta de 2 amigos que han cometido el delito evidenciar ante sus vecinos que son homosexuales. Las asociaciones por la lucha de nuestros derechos llevan años denunciando casos como este. No es un caso aislado, solo otro más. La pintada se la hicieron hace unos días, en Madrid, la que será en 2017 capital mundial del Orgullo LGBT. Sirva esta foto para denunciar en el día Internacional contra la Homofobia que aún queda mucho camino por recorrer para normalizar nuestra vida en esta sociedad. El mismo día en que el Partido Popular termina oficialmente con la primera asignatura que ha intentado luchar en las escuelas contra el odio hacia los homosexuales, la Educación para la Ciudadanía. Esa puerta marcada es la prueba de lo necesario que es educar en favor del respeto y la tolerancia a las minorías. Esta foto debería llegar hoy al ministro Wert para avergonzarle.

No sabemos qué vecino ha sido el cobarde que ha marcado la puerta de mis amigos, pero yo tengo muy claro a quiénes podemos exigir responsabilidad por actos como este: Al Partido Popular y a la Iglesia, responsables de alentar -o no poner todos los medios posibles para evitar- la homofobia que aún existe en nuestra sociedad. Políticos del PP y jerarcas de la Iglesia, vosotros sois corresponsables de los actos de discriminación, de los insultos, de las agresiones; porque en vuestra mano está pararlos.

Mis amigos han decidido no borrar la pintada. Al menos no por el momento. No se avergüenzan, no quieren esconderse. Ojalá otros vecinos la borraran por ellos. Ojalá llamasen a su puerta y les dijeran que a ellos lo que les avergüenza es haber descubierto que en el vecindario hay un vecino homófobo. Ojalá consigamos entre todos que no sean más necesarios días como el de hoy, en el que la FELGTB ha hecho público un informe que denuncia que el 45% de los homosexuales en España tiene miedo a darse la mano en público. El 91% de los españoles ha sufrido o sido testigo de acoso homófobo en la escuela y hasta un 43% de los adolescentes ha pensado alguna vez en quitarse la vida por el acoso debido a su condición sexual.

27/04/2013

Penes, vaginas y viceversa

Filed under: Femenino plural,LGBT — J-osete @ 4:10 PM
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Hay mucha gente que se pregunta a menudo si hay algo más tonto que un gay de derechas –al menos en este país donde la derecha, al contrario de lo que sucede con determinados partidos conservadores del norte de Europa, no tiene ningún complejo en legislar contra los derechos civiles de gays, lesbianas y trans a golpe de hostia consagrada-. Y así a bote pronto se me ocurre que sí, que bastante más imbécil que traicionarnos a nosotros mismos dando nuestro voto a un partido homófobo es hacerlo convirtiendo a los demás en víctimas de lo que sufrimos: la intolerancia. Nunca he entendido el machismo en los gays, ni la misandria en las lesbianas, como nunca he entendido a los negros o gitanos, homófobos o machistas. En definitiva, soy incapaz de entender que el que haya sido víctima de algún tipo de discriminación pueda responder con odio o desprecio a cualquier otra condición humana. Si algo bueno puedo sacar de la infancia y la adolescencia que me tocó vivir por ser el ‘marica del barrio’, es que aprendí el valor del respeto y la tolerancia. Únicamente se me ocurre un tipo de personas con las que hay que tener tolerancia cero: los intolerantes.

Al hilo de esta reflexión habría, desgraciadamente, tantos palos que tocar que podría escribir un libro. Hoy me gustaría tratar uno de ellos: En nuestro país ya no se pregunta a una pareja homo quién hace de hombre y quién de mujer en la relación (aunque a mí nadie me ha aclarado todavía si en una pareja hetero es la mujer la que se viste de hombre para follar o el hombre el que se viste de mujer para hacer ‘la tijera’); pero se resisten a desaparecer los prejuicios asociados los supuestos límites que han de separar lo masculino y lo femenino; censurándose la sensibilidad, el amaneramiento, el travestismo o el transexualismo como si hubiera algo intrínsecamente malo en el deseo de los demás de vivir con libertad su propia identidad cuando esta rompe dichos límites -que no olvidemos que es la misma libertad que reclamamos para nosotros en otros muchos ámbitos de nuestra vida-. Pero lo inmoral no es contravenir unas supuestas buenas maneras en el ser y el estar, sino pretender lapidar con un sentimiento de vergüenza que cada uno de nosotros expresemos lo que somos y sentimos cuando nos salimos de los renglones marcados por la mayoría ‘biempensante’.

La vergüenza es un concepto inventado por gente gris y llena de complejos. Gente que sufre la triste envidia de ver cómo otros disfrutan de su vida con una libertad que ellos no tienen. Es entonces cuando surge ese sentimiento mezquino del ser humano que nos dice que debemos avergonzarnos de vestir cierta ropa, de llevar este pelo o aquel maquillaje, de amar a otro hombre siendo hombres o a otra mujer cuando se es una de ellas, de sentirnos mujeres si nacimos con pene u hombres si lo hicimos con vagina. No somos nosotros quienes debemos avergonzarnos de vivir nuestra vida con libertad, son ellos los que tienen que sentir vergüenza por pretender cambiar a los demás cuando lo que les falta es el valor necesario para cambiarse a sí mismos.

Entendería que la Iglesia se mostrase beligerante con p.e. el transexualismo si cada vez que alguien se hiciera una vaginoplastia, su dios fulminase con un rayo cósmico a un cura. Pero lo cierto es que cuando una mujer que siente que ha nacido en el cuerpo equivocado pasa por una operación de reasignación de sexo, la única consecuencia objetiva de esto es que hay una persona feliz más en el mundo.

Tengo una amiga que lleva toda la vida luchando por conseguir eso. Tuvo que dejar su país en busca de un lugar donde vivir con la libertad que su entorno le negaba. Un sitio donde ser algo tan simple como ella misma. Un sitio donde encontrar algo tan complejo como la felicidad que todos merecemos. Hermosa, sensible, frágil y llena de amor, pelea a diario contra los prejuicios de las neuronas rapadas que no entienden el anhelo de buscar la felicidad más allá de esos límites que pretende marcarnos las sociedades intolerantes. Sus amigos, los que son ahora su familia por quererla como solo una verdadera familia sabe hacerlo, han iniciado una campaña con objeto de conseguir el dinero necesario para que el resto del mundo la vea como ella se ve desde que tiene uso de razón. Yo quiero con este artículo aportar mi granito de arena para ayudarla. Si queréis y podéis colaborar, en el siguiente número de cuenta podéis aportar los vuestros:

Titular: C. Berdejo da Costa

Código IBAN: GB66 LOYD 7791 3822 9222 68

Sois más 1600 amigos en Facebook y a euro por cabeza podemos no cambiar el mundo, pero sí cambiar el suyo.

17/12/2012

Matando gays y lesbianas en nombre de Dios

Filed under: Denuncia,LGBT — J-osete @ 12:58 AM

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El lema de Uganda es “por Dios y mi patria”. Con esa consigna podría ser un país de guardias civiles y legionarios; pero no, es solo otro más en el que las personas, como en todo estado que se abandera con dioses y patrias, son lo de menos. Así llevan desangrándose más de 24 años en guerras sectarias. Por supuesto gays, lesbianas y transexuales no son ajenos a una violencia que en breve puede ser “legal” cuando se ejerza contra ellos. El “PP ugandés” quiere aprobar una ley que castigará:

– Con 7 años de prisión, “ayudar”, “aconsejar” o “fomentar” que una persona tenga una relación homosexual.

– Con cadena perpetua, cualquier acto homosexual.

– Con pena de muerte, los actos homosexuales que incluyan menores o personas discapacitadas. De los actos heterosexuales que incluyan menores no se dice nada, como si los pederastas tuvieran patente de corso si la víctima es del sexo opuesto. Los actos homosexuales en los que el “delincuente” sea seropositivo, y los actos homosexuales “reincidentes”.

El político que promueve la ley del exterminio homosexual ha llamado a las iglesias y mezquitas de su país a “curar” homosexuales; y los que enarbolan las cruces y las medias lunas han olvidado rápidamente sus diferencias para prestarse a una cruzada común contra los ugandeses que se atrevan a amar a las personas de su mismo sexo. Usando el nombre de su dios en vano. Porque si existe un dios cuyo mensaje fue “amaos los unos a los otros”, es probable que observe con vergüenza lo que sus renglones torcidos, vestidos con sotana o turbante, pretenden hacer con sus hijos gays y sus hijas lesbianas.

El año pasado esta ley fue parada gracias a una movilización internacional organizada por All Out. Ahora intentan recabar el mismo apoyo para presionar al presidente ugandés con objeto de que la vete de nuevo:http://www.allout.org/es

Yo ya he firmado.

08/11/2012

Carta abierta a Ana Botella

Querida Ana,

Te escribo esta carta el día en que el Tribunal Constitucional ha avalado el matrimonio igualitario para hablarte del mío. Y me dirijo a ti por ser, gracias a tus declaraciones sobre las peras y las manzanas, paradigma de esa parte de la sociedad española que, comandada por la Iglesia, no ha cejado en su empeño de imponer una moral religiosa intolerante basada en el prejuicio y el odio hacia los homosexuales, las lesbianas y los transexuales.

El 26 de mayo de 2006 me casé con mi marido, una persona equilibrada, responsable y generosa de la que me siento muy orgulloso. Es para mí una referencia tanto en lo personal como en lo profesional.
Cuando nos casamos ambos hicimos renuncias, pero para sumar un todo más fuerte. Preservando nuestra independencia, eso sí, porque creemos que en pareja tan importante es pasar tiempo juntos como tener tiempo para uno mismo. Compartimos muchas cosas, nuestro amor por la familia, las tareas del hogar, y hasta el gusto por las corbatas. Cuando nos ponemos traje me gusta ayudar a mi marido a elegir la corbata; con esta sencilla rutina comienzan muchos de nuestros días.
Hay personas que nos preguntan cuál es la clave de la estabilidad de nuestro matrimonio, yo diría que la comunicación. Sabemos escuchar al otro.

La gente que lea esto seguramente no verá nada especial en mis palabras, salvo tú, que si tienes buena memoria sabrás recordar que todas ellas son palabras que os habéis dedicado tu marido y tú en distintas apariciones públicas. Sí, Ana, he revisado las entrevistas vuestras publicadas en Internet en busca de alguna declaración personal sobre tu matrimonio que lo diferencie del mío y no he encontrado nada. Seguramente porque no hay nada que encontrar, dado que aunque tus valores personales y los míos difieran, los sentimientos sobre los que se sustenta cualquier proyecto de vida en común basado en el amor son universales. Posiblemente esa sea la clave que explique que la sociedad española, en general, haya aceptado con absoluta normalidad los más de 22.000 matrimonios entre personas del mismo sexo celebrados a lo largo de estos 7 años en nuestro país. Y probablemente por eso también el Constitucional ha votado hoy a favor de la igualdad de derechos consagrada en el artículo 14 de la Constitución y a favor de la libertad.

Deseando que tu matrimonio, como el mío, dure para toda la vida, se despide un marido feliz.

Artículo para la revista Gehitu. Gracias a Ana Chillida, Fernando Rodríguez, David Montero, Fernando Querejeta y a mi marido por su tiempo y ayuda.

08/10/2012

Meter un gol a la homofobia

Filed under: Denuncia,LGBT — J-osete @ 9:00 AM
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Mi artículo para el número de septiembre de la revista Gehitu y para mi columna en Todobarcelona.net

El fútbol, el deporte rey en el que existen multitud de reinas, pero aparentemente ningún gay. ¿Por qué no salen los futbolistas homosexuales de sus armarios? Hace unos años el diario británico The Independent intentó encontrar la respuesta a través de una encuesta llevada a cabo entre los futbolistas profesionales que juegan en UK. Un 57% de los encuestados respondió que el fútbol es homofóbico, subiendo la cifra hasta el 64.4% entre aquellos que declaraban tener algún amigo gay y alcanzando un 77% entre los futbolistas de la liga equivalente a nuestra Segunda División. Ninguna sorpresa, aquellos contextos en los que hay un mayor exceso de testosterona como las fuerzas armadas o los cuerpos de seguridad son los que más candados han puesto siempre a los armarios de sus integrantes. Para mayor gloria de nuestro escroto, además de ser homófobos también suelen ser entornos machistas y racistas.

De hecho son muchos los medios que han tratado el tema intentando establecer paralelismos entre los comportamientos homófobos y racistas del fútbol. Paralelismos algunas veces poco acertados dada la obvia diferencia entre el que puede ocultar una condición que es objeto de discriminación y el que no tiene más remedio que luchar por defender una identidad que es pública. Lo que sí demuestra la historia en ambos casos es que a medida que la sociedad se hace más tolerante, todos sus ámbitos se van haciendo poco a poco permeables al cambio. Para ello es fundamental el posicionamiento de los que nos gobiernan. Así, en los países cuyas constituciones consagran una igualdad de derechos independiente de la raza o la condición sexual, los poderes públicos –los dirigidos por partidos progresistas o de la derecha civilizada- han trabajado activamente por desarrollar políticas que luchen contra la discriminación. Y aunque es cierto que la visibilidad que facilita la total normalización aún tardará en llegar, ejemplos como los de las asociaciones de policías gays del Reino Unido u Holanda –que incluso participan en las manifestaciones del orgullo LGBT que se celebran en distintas ciudades de ambos países– demuestran que en los reductos del machirulismo más recalcitrante avanzamos por el buen camino.

España, como en otras muchas cosas, “is different”. El mundo se ha mostrado muchas veces sorprendido del camino recorrido desde la dictadura fascista que mató a García Lorca a convertirnos en el 4º país del mundo que iguala nuestros derechos civiles con los del resto de la población. Aún así en España todavía hay muchos Mauricios Colmeneros. Una posible puerta abierta al cambio podría surgir de que la mayoría son fachas que vienen con letra pequeña, porque para muchos de ellos hay una diferencia entre el pobre camarero Machupichu, que no pasa de ser un “sudaca” y Ronaldiño, que es ante todo una estrella. Como la hay si al gitano se le conoce como Camarón. La pregunta ahora sería si ese comportamiento se vería también con los ídolos del balón. Por ejemplo, ¿dejaría Iniesta de ser el jugador querido y respetado que es entre la afición si declarase ser homosexual? Porque el impacto que una noticia así tendría en la prejuiciada percepción que una parte de la sociedad aún tiene de los gays, ayudaría a avanzar unos cuantos pasos de gigante en la normalización de nuestro colectivo.

Esa es la batalla que libró la revista Zero en nuestro país, que cerró tras históricas portadas que sacaron del armario al ejército, al clero y hasta a la benemérita, sin llegar a conseguir una portada para el mundo del fútbol. Esa portada que sí le dio Justin Fashanu al periódico británico The Sun. Fashanu hizo historia por ser el primer jugador de fútbol negro en firmar un contrato de un millón de libras. Luego volvió a hacerla al ser el primer y por el momento único futbolista de un cierto nivel que se ha declarado públicamente homosexual. Su ejemplo desgraciadamente no resulta alentador dado que su salida del armario provocó su descenso a los infiernos. Expulsado de su club, repudiado por su familia y convertido en un paria para la comunidad negra, terminó quitándose la vida poco después. Quiero pensar que eran otros tiempos y que algo así no pasaría hoy en día, cuando tenemos ocasión de ver con orgullo como clubes como el Athletic de Bilbao han participado en una campaña contra la discriminación sexual en el marco del Día Internacional contra la Homofobia.

Nadie espera que Luis Aragonés pase de afirmar que no le cabe por el culo “ni el pelo de una gamba” a que declare algo como que por el ano le entra el Titanic de costado con la tripulación saludando; pero sí cabe esperar que clubes y jugadores hagan honor a los valores sociales que dice promover la FIFA en su web oficial facilitando que todos, tanto jugadores heteros como homos, empiecen a meter goles a la homofobia. Si esto no sucede es porque el fútbol, hoy por hoy, es un deporte de pelotas en el que obviamente hay muy pocos huevos.

04/08/2012

Ana Mata

Homosexuales que huyeron de sus países buscando un lugar donde poder vivir en paz. Mujeres que emigraron a España para dar de comer a sus hijos y se han visto abocadas a la prostitución. Hay otros muchos casos, no existe un perfil común. Lo único que comparten, aparte de muchos sueños rotos, es que son seropositivos, no tienen papeles y el Gobierno del Partido Popular les ha condenado a morir. Tienen miedo a levantar la mano para pedir ayuda, miedo a destapar su situación irregular, miedo al estigma social que aún existe en torno al VIH. Son, sin lugar a dudas, el colectivo más débil al que el Gobierno de Rajoy aplasta con su bota. Sin nombre, apellidos y un rostro que mire a los ojos a los políticos que los ha condenado a muerte y a una sociedad anestesiada que no hace nada para evitarlo. Entre 2700 y 4600 personas pueden morir próximamente en España por obra y desgracia del Gobierno del Partido Popular. Ana Mato, ministra de Sanidad, ha decidido dejar de administrar antirretrovirales a todos los inmigrantes seropositivos que viven en nuestro país y no tienen tarjeta sanitaria.

En una parte de la sociedad se ha extendido la mentira, repetida hasta la saciedad por la caverna mediática, de que no podemos pagar la sanidad que hizo de nuestro país una referencia en el mundo. A este respecto permitidme aportar unos datos publicados por el periodista Ignacio Escolar y cuyas fuentes son la OMS y Eurostat:

“El sistema público de salud le cuesta a cada español unos 1.500 euros al año, que salen de sus impuestos. La media europea ronda los 2.100 euros. La inversión es pequeña, pero la rentabilidad es muy alta. España está entre los mejores países en casi todos los indicadores de salud: en esperanza de vida, en tasas de vacunación infantil o en trasplantes. Gracias a los sistemas de prevención, la mortalidad por cáncer de mama, por ejemplo, es casi un 24% inferior a la media de la UE. Que nuestra sanidad pública sea tan eficaz como barata significa que es uno de los mejores sistemas de salud del planeta, como así se reconoce fuera de España. Su eficiencia desmiente también dos falsedades: que el sistema sanitario español sea un lujo insostenible y que lo privado funcione siempre mejor que lo publico”.

Pero en la población también ha calado el mensaje de que el Estado del bienestar es constantemente abusado por sus beneficiarios. Y hay abusos, sí, pero nadie en su sano juicio se plantearía cerrar el metro de Madrid por los que saltan sus tornos. Los abusos hay que pararlos, no usarlos para deslegitimar un sistema que nos beneficia a todos. En los países sin sanidad pública, no hay seguro privado que ofrezca unos servicios sanitarios de la misma calidad a un precio tan bajo, lo que significa que si seguimos dejando que esta derecha reaccionaria desmantele nuestra sanidad, terminaremos pagando más a unos seguros privados que hacen su agosto al calor del liberalismo cínico del PP, un liberalismo que denosta lo público con el único objetivo de llenar los bolsillos de las concesionarias con las que tienen relaciones denunciadas en múltiples ocasiones por la prensa libre de este país.

Dicho todo lo cual nos encontramos ante el dilema de utilizar nuestra sanidad para curar y salvar vidas, o para que los que los que están saqueando el país hagan ahora negocio con la enfermedad y la muerte.

No creo en dioses ni en diosas, y me producen escalofríos los políticos que juran su cargo sobre una Biblia porque lejos de defender el discurso humanitario que se le atribuye a Jesús, solo usan su nombre para imponer una moral victoriana en la cama de los demás. Así, nunca he podido entender cómo una sociedad como la estadounidense, que bien podría sustituir las estrellas de su bandera por crucifijos, deja morir a la gente sin recursos a las puertas de sus cristianos hospitales. Y si alguna vez España jugó en una champions league –ZP dixit- esa fue la de la solidaridad con los más necesitados. Nuestros políticos están usando la mentira y el miedo para convertirnos en un país de mierda. Nos roban los de arriba apuntando al inmigrante y nos llevamos una mano a la cartera mientras con la otra les señalamos gritándoles que se marchen de España. Poco importa que se llame Julia y tenga acento asturiano, desde que comenzó la crisis mi amiga de Oviedo, de padre guineano, ha tenido que escuchar en Madrid más de una vez que vuelva a su país. “¿A Asturies?” responde ella lacónica. Así estamos, equivocando a los culpables de una miseria económica que va camino de convertirse en una miseria moral. Porque si tú que me lees dejas de levantar la mano por todos esos inmigrantes seropositivos que tienen miedo a hacerlo, para exigir al Gobierno que no les deje morir, serás cómplice de su crimen.

Mi artículo para el número 80 de la revista Gehitu.

31/05/2012

Sin vergüenza

¿Eres de los que opina que la pluma histriónica de Boris Izaguirre en Crónicas Marcianas afectaba negativamente al colectivo gay? ¿o que el personaje Fidel en Aída perjudica la lucha por nuestros derechos?

¿Eres de esos que piensa que las musculocas de tanga alto, las piernas velludas sobre tacones o el gloss bajo un bigote menoscaban la legitimidad de nuestras reivindicaciones el día del Orgullo?

¿Crees que merece más respeto un gay sin pluma que uno que se vista con bata de cola y al que se le encienda la vida imitando a La Jurado (diosa la tenga entre sus senos)?

Algunos creen que la lucha por normalizar nuestras vidas en la sociedad significa encajar en los moldes de comportamiento que ciertas mentes biempensantes consideran apropiados. Otros creemos que la normalización supone terminar con los prejuicios asociados a los roles que se supone que debemos asumir en tanto que hombres y mujeres, para abrir un nuevo periodo de convivencia en el que se respete la libertad de cada individuo para expresar su personalidad al margen de los convencionalismos sociales.

El desfile del día del Orgullo LGBT se abre en Madrid con miembros de ONGs, partidos políticos y sindicatos con todo tipo de eslóganes reivindicativos. Suelen vestir como cualquier otro día y rara vez protagonizan las fotos de los medios reaccionarios que cubren el evento. La manifestación continúa con carrozas que presentan diferentes microcosmos de la realidad que conforma el arcoíris LGBT: Transexuales, lesbianas, musculosos, travestís, fetichistas de los uniformes y de todo tipo de materiales (cuero, látex, guatiné…), drag-queens, orondos osos, peludos lobos, saltarinas gacelas Thomson… Este suele ser el objetivo de las cámaras de La Razón, ABC o Intereconomía. El patrón es siempre el mismo: Escogen a los manifestantes que ofrezcan una imagen que escandalice a sus lectores por cuestionar lo que ellos consideran “decente”, para prestarse a continuación a un repetitivo discurso homófobo que suele terminar con algo parecido a “¿de verdad cree usted que Dios aprobaría que esos 2 hombres pintados como puertas y vestidos de mujer adoptasen un niño?”.

Según el diccionario de la RAE, la decencia define por igual recato y honestidad, y quizás de ahí venga un juicio que mezcla maliciosamente al monje con su hábito, olvidando lo sabio que es nuestro refranero al respecto. Igual ha llegado el momento de redefinir el concepto de decencia dado que hay muchas putas muy honradas aunque poco recatadas y mucho sinvergüenza con la camisa del traje perfectamente abotonada hasta el cuello.
Hace tiempo tuve ocasión de ver salir de uno de los edificios de la City londinense a un ejecutivo con un elegante traje chaqueta y… tacones. Lo más sorprendente de la escena para mí, como español, es que nadie parecía sorprendido a nuestro alrededor. En España dudo mucho que ningún banco contratase a un hombre -por bueno que fuera su CV- si, por la razón que fuese, quisiera llevar tacones; aunque mejor nos hubiera ido si en vez de gestores corruptos con blancos calzoncillos, nuestras cajas hubiesen sido dirigidas por honrados gestores con bragas de encaje.

Por otro lado, conozco no pocos gays que critican el “carnaval” en el que dicen que se ha convertido el Orgullo. Se avergüenzan de todo lo que condenan los prejuicios de esas personas que, si pudiesen, nos volverían a encerrar en los armarios de las peores dictaduras, fascistas, comunistas o religiosas –que poco importa la diferencia cuando se trata de lesbianas, gays y transexuales-. Tolerar a los que “no se les nota” siempre que “lo lleven con discreción” forma parte de ese hipócrita “don’t ask, don’t tell” que, con la excusa de que la orientación sexual es un asunto privado, intenta robarnos la libertad de vivir públicamente nuestra orientación afectiva, tan pública como la de cualquier pareja hetero que pasee de la mano mostrando su amor por cualquier calle de cualquier pueblo de España.

El sentimiento de orgullo que visibilizamos cada 28 de junio defiende la diversidad y la libertad. Los que abren la manifestación llevan años –cuando no toda la vida- luchando para los que la cierran puedan bailar sobre tacones soltando toda la pluma que les salga del coño, tengan pene o vagina. Si no compartes este sentimiento, mejor quédate en casa. Si crees que nuestra sociedad será mejor en la medida en la que respete y proteja a las personas que la conforman para que puedan expresar con libertad su propia identidad entonces no importa si eres lesbiana, gay, trans, bi o heterosexual, con pluma o sin ella, con la raya a un lado o rubias coletas, con cristiano calzoncillo o tanga de lentejuelas, sé bienvenid@ porque compartimos una misma causa.

23/01/2012

Heterapias

¿Veríamos normal que hubiera gente que declarase que los negros son inferiores a los blancos y les ofreciera un tratamiento para aclarar el color de su piel? Porque el pensamiento es libre y hay gente que cree realmente que existe una supremacía de la raza aria bendecida por su Dios; incluso quien afirma que dicha supremacía viene dada por un supuesto dios –la excusa perfecta para intentar imponer a los demás toda suerte de fobias y fascismos obviando cualquier debate fundamentado en la ciencia-. ¿Aceptaríamos que se publicasen libros al respecto? ¿Y si empezasen a surgir negros conversos diciendo que son mucho más felices desde que aclararon su piel y defendiendo el derecho de otros negros a hacer lo mismo? ¿Les asiste el derecho a la libertad de expresión? Después de todo, ¿quiénes somos nosotros para impedir a otros negros que disfruten de la “felicidad aria”?

A raíz de la polémica suscitada por el boicot a un libro publicado en España para “sanar” la homosexualidad he visto todo tipo de reacciones. Muchas de ellas preocupantes porque en boca de gays y lesbianas se quita importancia al asunto: “Que digan lo que quieran, no hay nada que curar”. Y otras porque en bocas “progresistas” se defiende a ultranza el supuesto derecho a la libertad de expresión que asiste al autor.

Sí, el pensamiento es libre. Así que la gente es libre de creer que los gays somos enfermos, que los negros son inferiores a los blancos y las mujeres a los hombres. Si unos son libres de creer en vírgenes preñadas por palomas y otros en que 50 vírgenes les harán la ola tras morir matando a quien profese otra fe, ¿por qué no lo van a ser para creer cualquier otra cosa? Pero la libertad de expresión tiene límites y en los países mínimamente civilizados esos límites intentan que los pensamientos homófobos, racistas y/o machistas no crucen el camino que separa las mentes de sus bocas. Creo además que elevar el nivel de civilización de dichas sociedades pasa por que sus gobiernos hagan lo posible por evitar que padres y madres homófobos, racistas y/o machistas eduquen a sus hijos según les dicta su “conciencia”. Existe un derecho a la libertad de pensamiento, conciencia y religión recogido en nuestra Constitución; y cualquier manifestación de dicho derecho debería, en mi opinión, estar limitada por los derechos y libertades fundamentales de los demás. En otras palabras: Tu libertad termina donde empieza la mía, y tu moral la encierras bajo 7 llaves en tu cinturón de castidad, que yo de mi polla haré un sayo si me sale del coño.

Dicho lo anterior, si compartimos la idea de que es la ciencia y no la Biblia la que tiene derecho a determinar si existe algún tipo de patología asociada a la homosexualidad que deba curarse porque daña a la persona de alguna forma, y aceptamos que la OMS la eliminase en 1973 de su lista de enfermedades, la respuesta es: No, no eres libre de llamarme a mí enfermo, como no eres libre de llamar inferior a un negro. Ni libre de publicar un libro que pretenda curarme a mí o ayudar a un negro a blanquear su piel para que suba al supuesto privilegiado escalón de la supremacía blanca. ¿Que tú eres libre de pensar que tengo una tara? Claro, coño. Tanto como yo de opinar que el tarado eres tú. Pero en una sociedad que regula la convivencia entre los individuos que la conforman sobre la premisa del respeto y la tolerancia con independencia de raza, sexo, credo, etc. nos callamos la boca.

En cuanto a la supuesta transformación del “ex-gay” autor del libro, permitidme unas reflexiones sobre el mismo a la luz de una entrevista concedida a El País. Según ha declarado, fue violado por un tío suyo “hetero” cuando era un niño y, según afirma, ésta es una de las 10 razones que explican la homosexualidad. Resulta cuanto menos sorprendente que afirme que el tío que le violó era “hetero”, y no me queda más remedio que pensar que es solo parte de la empanada mental que tiene. Claro que más grave es creer que el origen de su homosexualidad está en la violación. Si eso fuera cierto, las violaciones sistemáticas de lesbianas en África habrían tenido el resultado que sus verdugos buscan. Normal que su libro lo hayan usado en Uganda como arma para apoyar una ley (“Kill the Gays bill”) que prevé cadena perpetua y pena de muerte para los homosexuales de ese país. Él llama a su problema “herida” que tiene que “sanar”; pero una cosa es que pidas ayuda psicológica para superar el daño ocasionado por las violaciones sufridas, y otra muy distinta intentar forzar un cambio en tu naturaleza con motivo de dicho abuso. Que lo segundo fuera necesario en su caso para alcanzar una estabilidad mental y/o emocional solo lo podrá juzgar un psicólogo. Pero no creo que eso le dé derecho a vender a otros homosexuales la idea de que dicho cambio no solo es posible, sino hasta bueno.

Sobre el libro, un breve apunte. Se anuncia con algo que siempre me ha resultado especialmente ofensivo: “La homosexualidad tiene hoy una presencia notoria en nuestra sociedad. Parece que está de moda salir del armario”, por la malintencionada frivolidad que encierra, al insinuar que la gente se “amaricona” o “embolla” por gusto. Ser gay está “de moda” si te llamas Jean Paul y te apellidas Gaultier; si no ser gay, lesbiana o trans puede ser tan “cool” como follar en medio de un campo de minas. Y para muestra un botón:

Vivimos en un mundo en el que hombres y mujeres cambian de sexo porque afirman no encontrarse a gusto con su cuerpo se sienten atrapados en un cuerpo equivocado. El mismo mundo que ve como negros aclaran su piel y asiáticos occidentalizan sus rasgos. En un mundo así mucha gente se pregunta por qué los lobbies gays luchan contra las llamadas terapias “reparativas” y por qué pretenden limitar la libertad de otros gays de cambiar de orientación afectiva y sexual. Por supuesto que cualquier persona ha de ser libre para hacer con su vida y con su cuerpo lo que le haga más feliz. Pero al margen de todas las dudas que plantea la American Psychological Association sobre este tipo de terapias, a mí me surge otra: ¿Hasta qué punto es libre un gay en un mundo homófobo en el que su naturaleza intenta ser reprimida por la religiones mayoritarias y asfixiada por la sociedad? Eso cuando no sufre insultos, acoso o agresiones. Ni menciono los países en los que se enfrentan a carcel o la horca. ¿Deben politicos como Durán y Lleida apoyar a los médicos que dicen poder tornar homos en heteros? Nunca antes de garantizar que esos homos viven en una sociedad libre en la que no importe el sexo de la persona de la que se enamoren. La diferencia entre un transexual y Michael Jackson es que el primero vive en una sociedad transfóbica y el segundo vivía en una sociedad racista.

Artículo publicado en el nº75 de la revista Gehitu

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